jueves, 8 de agosto de 2013

Ser extranjero

Tengo una nueva amiga: Alice Jennings, poeta norteamericana, extraordinaria y amante de la poesía también. Alice tiene una beca de tiempo  parcial en México y ha tenido problemas adaptándose a otro país. Le dije que yo también pasé por eso cuando viví en el extranjero y escribí un poema acerca de lo que es ser extranjero. Lo comparto porque hay muchas maneras de sentirse extranjero, no nada más estar en tierras lejanas. Para quien pueda interesarle.


EXTRANJERO

 

SER EXTRANJERO es algo más

de lo que Bertold Brecht decía

acerca del no poder colgar un cuadro

o plantar un arbusto y verlo crecer con nostalgia.

Es algo que arde en el pecho,

es la soledad que taladra el sentido del ser,

de la unicidad y de la ubicuidad.

Ser extranjero es sentirse siempre diferente,

a veces, con grandes contrastes,

otras, con una slight difference.

Es el deseo ardiente de pasar inadvertido

e igualarse al color, la forma, la masa.

Es vivir entre dos dimensiones

y mirar al mundo desde la vertiente

de dos cuadros de ajedrez.

Es no poder ser ni el peón, ni el rey.

Es el juego en el que no tomas parte

(te quedas en la banca).

Es no poder decir, no poder gritar.

Una acumulación de palabras en tu idioma materno.

Una máscara en el escenario,

de actores de otra compañía.

La máscara de la rabia y la impotencia.

Es buscar el círculo que se cierra

porque no hay otros que se abran.

Es bailar siempre a otro compás,

olvidar la letra de la canción.

Es acostumbrar el cuerpo a otras temperaturas,

los ojos a otros paisajes,

el corazón a otros ritmos y la nariz,

a otros olores.

Es aplacar la nostalgia de un sueño

que llamamos Patria,

que como todo en la vida se convierte

algún día, en una fantasía más.

Ser extranjero es construir un todo sobre una nada

y sostenerlo con hilos inexistentes,

por el tiempo que dure, con sólo tu soplo cansado.

Es querer encontrar las mismas estrellas en otras latitudes.

Aprender otras canciones y sentirte

piel roja o marciano

en donde los normales son ellos

los pelo amarillo

o los ojos rasgados.

Ser extranjero es darse cuenta

que todo es igual,

la oración en el templo budista, metodista o católico.

La misma esperanza, las flaquezas.

La xenofobia, el dolor de saber

que tú eres el extranjero,

el diferente, la amenaza, el agredido.

El que no se toma en serio, el bicho bajo el microscopio.

Si alguna vez,

                        todos

                                    fuéramos extranjeros.